
Sí, ya sé que el día del amor y la amistad fue ayer, pero como tengo muchas amistades y ningún amor que celebrar, pues me quedé pensando en cuánto hemos cambiado desde nuestro primer prospecto hasta el último.
Les cuento, les cuento. Cuando estuve en primaria nos llevaron a participar en uno de esos concursos de apovechamiento. En ese entonces, mi escuela era rival atroz de otra primaria que se encontraba a escasas cuadras de la nuestra. Para ser sinceros, había una rivalidad muy fuerte entre los estudiantes, sin llegar a nada físico, pero éramos enemigos... decíamos en aquellos ayeres (aunque en realidad, hoy día, me he llegado a topar con varias personas de aquella escuela y nos saludamos como camaradas de barrio que fuimos).
Pues bien, ese día de la evaluación, en el salón nos tocó sentarnos al lado de una niña preciosa y, que al mismo tiempo me caía mal por ser de aquella escuela . Para mi sorpresa, y contrario a mi predisposición de no tratarla, ella se mostró siempre amable conmigo. Hicimos una pequeña trampita y nos pasamos dos resultados: yo le pasé un reactivo de Química y otro de Ciencias Sociales y ella me dió el resultado de una pregunta de Matemáticas y otra de Español.
Terminamos nuestros exámenes y salimos del salón. Nos sentamos uno al lado del otro en una banca que se encontraba en el patio de la escuela y empezamos a platicar... y platicar... y esa plática se extendió por más de seis meses.
Fue una relación muy bonita, sana y especial en mucho sentidos. Los dos compartimos el gusto por un deporte como lo es el montañismo, por la naturaleza y los animales, lo que hace que muchas veces al contemplar un paisaje, o ir a una montaña o visitar un zoológico inevitablemente me acuerde de ella. También los dos construimos una relación mucha muy fuerte al explorar nuestra sexualidad. Fue un paso muy bello, gracioso (algún día les contaré el porqué) y que nos estrechó de una manera que me faltan palabras para expresar.
Ciertamente ella podría haber sido el amor de mi vida, pero por azares del destino, la misma vida me la quitó. Sin embargo, esa pequeña experiencia me sirvió de base para saber qué quería y que no quería tener en futuras relaciones. Paradójicamente, cuando me olvido de esas enseñanzas es cuando se complican las cosas de la relación en curso.
Hace unos días cené con una amiga. Durante la velada (en la cual nos encanta platicar hasta que nos corran del restaurante - les recomiendo el Clunnys, en la Ciudad de México) ella me recomendó recordar una frase que le mencioné cuando ella pasaba por un proceso -en el que yo me encuentro ahora- de estabilización emocional a causa del rompimiento con su ahora ex pareja. En pocas palabras la frase decía algo así como que al recordar el pasado, no era justo que lo comparara con el presente y mucho menos menos esperar encontrar algo similar en el futuro...
To Be Continued...