
Muchach@s, buen dìa.
Es increíble cómo pasa el tiempo, ya estamos casi a mitad de noviembre... bueno, me adelanto un poquitìn pero la realidad es que ya nos enfrentamos a la segunda semana del penúltimo mes del año, nos faltan 7 semanas para terminarlo, y chav@s, si aún no han comprado los regalos de navidad o de fin de año es hora de que empiecen, no vaya a ser que nos lancen el dólar a precio de Euro... 25 - 30 pesos.
Hace una semana fuimos a la megaofrenda de Ciudad Universitaria. Estuvo padre, aunque para ser sincero, ví muy poquitas. Dice mi amiga Janneth, con quien fuì, que sobre el Paseo de la Reforma estuvieron mucho mejor, y eso digo porque su mami es súper especial para estas cuestiones, tiene muy buen gusto y digo, si le gustaron a ella pudiera ser que tuviera razón... mmm... aunque en gustos se rompen géneros, obviamente...
Hago antesala de esto porque después, al estar platicando sobre los avatares de nuestras vidas y el camino que hemos recorrido, ahhh, cómo se antojaba un cafecín. Y es que este gusto por el café es como un ingrediente màs para explotar una conversaciòn. En verdad, Hemos llegado a platicar con una buena taza de café hasta que nos cierran los restaurantes, siendo los últimos en salir del lugar.
A cuàntos de ustedes no les agrada eso, una excelente compañìa, una buena plàtica y redondear ese marco con un exquisito cafecito? Híjole, está rico, ¿verdad?
No por nada cuestiones de negocios se acompañan del café, que aparte de su poder para despertarnos (como hoy lunes que me estoy tomando un cafecín cappuccino para despertar del ajetreado fin de semana), nos pone mejor humor. Y la verdad es que es cierto.
Hay muchos lugares para tomar buen cafè. Uno de los mejores es El Jarocho, con varias sucursaales en la ciudad, pero a mí me gustan los que se encuentran en Coyoacàn. Starbucks no se queda atrás, tiene calidad, no lo niego, pero para esas conversaciones mágicas no hay como tomar un café, caminar, platicar, comer un churro y disfrutar la noche... mmmm... delicioso, no?
Una vez, cuando fuimos a la Sierra de Zongolica, Veracruz, como parte de una expedición de la Escuela de Montañismo de la UNAM, y nos topamos con la época de la venta de café en esa región. Eran cientos de costales que se vendían por día. La friega era recolectar esos granos que por kilo pagaban un peso!!! sí, un peso!!!
Esa parte de la producción está muy castigada no sólo en México, sino a nivel mundial. En serio, deberíamos apoyar más al café mexicano (aunque el colombiano esta también delicioso, o si prefieren ser nacionalistas, el de Chiapas está exquisito).
Ya se me está terminando mi cafecito, pero me queda el buen sabor de estarlo disfrutando al escribir estas líneas y saboreando esta conversación.
Ahora bien, hay que tener cuidado con lo que se pide cuando uno sale del país. Generalmente nosotros cuando queremos un café cappuccino, lo pedimos así, un café cappuccino. Pero en Italia es diferente. Si yo pido un "café cappuccino" allá, me van a traer un café, y un capuccino... porqué? Les explico.
La letra "é" de café, se toma en realidad como una "y". Cuestiones de gramática italiana que me tardaría en explicar, pero para cosas pràcticas lo vamos a entender mejor así. Entonces, si yo quisiera un café cappuccino, basta que yo les diga
voglio un cappuccino, para que te traigan ese tipo de café, pues de lo contrario, te van a traer un xpresso y tu cappuccino.
Es algo parecido a las pizzas. Allá solamente hay de un sabor, el normal de mucho queso y jamón, mientras que acá en México ya tenemos combinadas, hawaianas, norteñas, al pastor, etc... jijiji
Pero bueno... Y a ustedes, ¿cada cuándo les gusta tomarse esa tacita de café? ¿Saben de mejores lugares donde preparen ese cafe tan especial que tanto los gusta?
Les envío un abrazo
Salu2